Archivo de la etiqueta: Tabares

Un día de perros

En una mano, la goteante bolsa de pepinillos y cebolletas. En la otra, el mando a distancia. Rodeado de oscuridad sólo interrumpida por el parpadeo de la tele, Leandro estaba hipnóticamente despanzurrado sobre el sofá

Osos, palomos y lechuzas

Hacía una eternidad que daba vueltas en la cama empapado en sudor, pero el reloj sólo marcaba las cuatro y cuarto de la mañana. El tórrido sábado no mostraba intención de romper la tendencia de quince noches consecutivas bajo la ola de calor.

La herencia recibida

A rebufo de los muy recomendables Gato Persa ha surgido una nueva criatura musical de inquietante nombre y agresiva impertinencia: Somos la herencia. Los unos y los otros hicieron reciente acto de presencia en la sala Tempo de Madrid para ofrecer dosis de agresión y violencia verbal a partes iguales.

Esculpido en el tiempo

Entre viaje y viaje Tabares mata el tiempo de la mejor manera posible. A base de grandes errores y pequeños aciertos le ha ido cogiendo el gusto a esto de la fotografía, de modo que ya pocas veces sale a la calle sin su bolsa y su cámara. Hace poco visitó un salón de automóviles […]

Siete pilares de la sabiduría

Día 1, llegada. Al bajar del pequeño Fiat Uno con asientos de piel de borrego Leandro escuchó por primera vez la llamada a la oración desde la Kutubiya. Eran las seis de la tarde en Marrakech, al final de un día revuelto en lo meteorológico y en lo aeronáutico.

Communication breakdown

Desde que empezara su trabajo como crítico de viajes, Leandro era una persona distinta. Transformado por la catarsis del viaje a Rumanía, había alcanzado por fin el punto de inflexión en la mediocridad de su existencia.

Mulţumesc

Al toparse de frente, la vieja detuvo en seco sus pasos, bajó la cabeza y comenzó a santiguarse a una velocidad prodigiosa. Una, dos, y hasta veinte veces, con las puntas de los dedos dobladas hacia dentro,

El encargo

Leandro Tabares hubiera sido un tío normal de no ser por su propensión descontrolada a la escritura. De buena mañana, se le empezaban a acumular palabras en la cabeza, y no encontraba otro alivio para su tromba verbal que escribir todo cuanto se le ocurría, mayormente sinsentidos y palabras inconexas. Escribía en el papel de baño, […]

Una tarde cualquiera

Los lamparones de la camisa anunciaron una barriga por la puerta del número veintiocho. El reloj no marcaba aún las cuatro, quizá por miedo a que se fundieran las manillas bajo el efecto narcótico de la chicharra.