Cuéntame, la Alonsomanía

Durante estos días y hasta el próximo 4 de mayo se celebra en Madrid la exposición “Fernando Alonso Collection“, en la que los aficionados pueden recrearse con una colección bastante exhaustiva de los monoplazas utilizados por el doble campeón mundial de Fórmula 1 a lo largo de su carrera. Es la primera vez que se pueden contemplar juntos en un mismo lugar, de ahí lo especial del evento.

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El fenómeno Alonso no puede ser subestimado, ya que ha supuesto una curiosa transformación en los gustos deportivos de este país. Dejando aparte el todopoderoso fútbol, hoy es habitual escuchar conversaciones sobre la última carrera o tal o cual piloto en calles, plazas y bares, en boca de personas que hace unos años ni siquiera conocían los fundamentos básicos de un deporte que consideraban remoto, elitista, aburrido y, en definitiva, extraño. ¿Cómo se ha producido este cambio?

Tras una meteórica progresión en las categorías inferiores, Fernando Alonso debutó en Fórmula 1 en la temporada 2001, siendo por entonces el último y más joven de una intermitente serie de pilotos españoles que desde finales de los ’80 habían accedido a la categoría reina a modo de goteo, con resultados siempre escasos. Pero fue su estreno con el potente equipo Renault F1 en la temporada 2003 lo que disparó las alertas de los programadores televisivos: si se vendía bien, aquí había negocio. Desde entonces, las retransmisiones de Fórmula 1 han migrado por distintas cadenas del espectro privado, siempre con derechos millonarios y niveles de audiencia estratosféricos.

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Diez años y dos títulos mundiales después, surge la pregunta: ¿es prolongable este fenómeno? Muchos auguran un retorno a la clandestinidad una vez que el ilustre campeón enfile el camino de la retirada, tal y como sucedió con los rallyes tras la marcha de Carlos Sainz. La probabilidad de que esto suceda es, efectivamente, bastante alta. Los puristas afirmarán que “ya lo sabían hace tiempo”, y los advenedizos renegarán de un deporte “muy coñazo” como si nunca hubieran participado en discusiones de bar diseccionando el detalle fino de un doble difusor o un escape tipo Coanda. A este desenlace puede contribuir, sin duda, la muy hispánica costumbre de encumbrar al héroe para luego denostarlo sin límite cuando empiezan a surgir los defectillos (que los habrá, como en todo ser humano).

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Para aquellos aficionados, apasionados o circunstaciales, que sólo hayan vivido la abundancia televisiva de los últimos diez años, aquí va una divertida recopilación (divertida ahora, claro está, porque entonces era un drama) de los desencuentros televisivos más horripilantes de la Fórmula 1 en España antes de 2003, el año cero de la Alonsomanía.

Los ’80

En una época sin canales privados, la televisión pública hacía lo que le venía en gana con un deporte en el que no había ni españoles ni afición masiva. Algunas prácticas habituales de este periodo consistían en conectar sólo para la salida y la llegada, o interrumpir la retransmisión en el mejor momento para dar paso a otros eventos de interés general como la hípica, la vela y el taekwondo. Pepe Díez ponía los comentarios con una prosa florida y un aceptable conocimiento de la materia, sobre todo teniendo en cuenta lo que vendría después. La entrada en escena de Adrián Campos y Luis Pérez-Sala al final de la decada supuso un mini-boom mediático que no tardó en perder fuelle.

1989

Año cumbre del duelo Senna-Prost, para muchos el momento definitivo de este deporte. En Suzuka se decidía el título pero los aficionados españoles no pudieron ver la prueba en directo porque, a las cinco de la mañana, TVE no consideró oportuno interrumpir la carta de ajuste, limitándose a ofrecer un resumen en diferido a la mañana siguiente. ¿Será que no tenía ganas de madrugar el sempiterno comentarista todoterreno, Jesús Alvarez? Nunca lo sabremos. Una vez finalizada su breve carrera en la F1, Adrián Campos aportó ocasionalmente su experiencia a los comentarios, con más ganas que otra cosa. Su ya mítico se ha hecho daño seguro quedará en los anales de la comunicación española.

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Esto pensaba Alain Prost

1993

Uno de los momentos bajos. La falta de interés de TVE era evidente, en una época de dominio de los rallyes y gran desprestigio de la Fórmula 1. Los mediodías de domingo eran un agónico sinvivir a la espera de que la retransmisión apareciera, como el Guadiana, un ratito ahora y un ratito después. La prensa deportiva no se quedaba a la zaga: el diario Marca se conformaba, a modo de crónica, con una reseña de veinte palabras en la penúltima página, entre el crucigrama y los resultados de turf.

1994

Cuando los aficionados pensaban que se había tocado fondo, llegó la bomba: Telecinco, el canal de las mamachicho, adquiría los derechos por tres temporadas. A un esperpéntico ritmo de bacalao comenzaban las retransmisiones surrealistas de aquellos años que, si bien la primera temporada vieron respetado el riguroso directo, fueron quedando sucesivamente relegadas en la parrilla de la cadena. Por si fuera poco, el pueblo español fue iniciado en el conocimiento de un tándem comentarista letal, compuesto por Angel Marco (viejo conocido de los sufridos lectores de Motor16) y Gonzalo Serrano, máster en chabacanería condescendiente y maleducada. Este último todavía asomó las orejas en la posterior era Alonsiana de Telecinco, algo que muchos recuerdan con aprensión. En esta tesitura, la muerte de Ayrton Senna y posterior periodo traumático fueron la carroña ideal para la máquina de triturar carnaza. El mal momento era palpable en el Circuit de Catalunya: entradas a 4.5o0 pesetas (25 euros) y escasos 30.000 espectadores, la mayoría extranjeros. ¡Quién te ha visto y quién te ve!

1996

Cuando Telecinco cerró su primera etapa se produjo un suspiro de alivio generalizado. Como regalo de despedida, Gran Premio de Japón con el título en juego: Damon Hill vs Jacques Villeneuve, en la madrugada del sábado al domingo. Los informativos de la cadena anunciaron, el sábado por la noche, la retransmisión del evento decisivo. A la hora convenida, lo que se ofreció fueron los entrenamientos oficiales del día anterior, para disgusto de los sufridores que querían ver la prueba y sabían muy bien que se estaba celebrando en esos mismos momentos. ¿El desenlace? En diferido, el lunes a las dos de la mañana.

1997

Nuevo golpe mortal: las retransmisiones de Fórmula 1 directamente desaparecen del panorama televisivo mayoritario. Tan sólo las autonómicas vasca, catalana y gallega mantenían viva la llama. Para el resto de mortales, el calvario. ¿Qué nos perdimos? Pues en 1997 una temporada con gran igualdad y seis ganadores distintos. Y en 1998, el super-duelo Hakkinen-Schumacher.

1999

El doble debut de Marc Gené y Pedro Martínez de la Rosa precipitó un rescate de los derechos televisivos por parte de TVE, confirmado el mismo viernes de la prueba inaugural en Australia. Las carreras se ofrecían, de nuevo, altamente interrumpidas (marca de la casa), pero al menos se ofrecían. Como comentarista hizo su entrada un tipo cuyo nombre, por suerte, he olvidado. El nivel cayó muy bajo. Algunas de sus perlas: “¡Lo que se acaban de perder ustedes, y no por su culpa, claro!” (después de la enésima interrupción), o aquella de “en esta imagen pueden observar la aerodinámica que deja el coche tras de sí” (en referencia a la estela de agua en una carrera con lluvia). Así durante cuatro años, hasta la irrupción de Alonso y… Antonio Lobato. Pero eso es otra historia.

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~ Basado en hechos reales ~

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