Traslado emocional

Aquel bochornoso día Tabares se permitió, contra su costumbre, el lujo de mirar atrás. No era una despedida normal. Tras de sí, cuarenta y cuatro lapsos de anonimato. Después de mucho darle vueltas, Leandro había decidido coger el toro por los cuernos y aceptar la oferta de la editora del “¿Cómo?” para trasladarse a Madrid. En estos tiempos convulsos la pervivencia de dos oficinas tenía poco sentido y ahí Barcelona, pese a su belleza y su pijipismo mediterráneo, tenía siempre las de perder frente a la mole madrileña. Alea jacta west.

Muchos grandes de la historia cruzaron su rubicón particular. Leandro cruzó el Llobregat escuchando un CD que alguien dejó olvidado en el bolsillo del asiento contiguo. En ningún momento se le ocurrió calcular la probabilidad de que en pleno 2013 alguien que aún usara discman se encontrase un CD extraviado en el AVE. Si lo hubiese hecho quizá no habría salido del Poble Sec, pero eso es otra historia.

Siempre a remolque de la realidad, Tabares tomó el tren equivocado una hora y veinte minutos más tarde de lo que marcaba su billete. Nadie vino a echarle del asiento, así que llegó a Atocha con la pureza propia de un besugo pescado a contrapié, en mitad de una sofocante tarde de verano.

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68canciones

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Fotografías: Catalán de Mente

Catalandemente

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