Esculpido en el tiempo

Entre viaje y viaje Tabares mata el tiempo de la mejor manera posible. A base de grandes errores y pequeños aciertos le ha ido cogiendo el gusto a esto de la fotografía, de modo que ya pocas veces sale a la calle sin su bolsa y su cámara. Hace poco visitó un salón de automóviles clásicos.

La contemplación de aquel festival de esculturas curvilíneas le retrotrajo a un momento de su infacia, cerca del puerto, con la luz vespertina tiñendo de oro una calle abarrotada de autos que circulaban en todas las direcciones. El niño Leandro los miraba con grandes ojos fascinados tratando de comprender cómo demonio podían aquellos cacharros moverse por sí solos.

¿Qué oscura ciencia ocurría en su interior para provocar la magia del movimiento?

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2 comentarios

  1. Que guapos estos cacharros !! Los detalles y el ambiente que has captado son una maravilla. Menos mal que todavía hay locos que se dedican a cuidar y mantener vivas estas maquinas. Saludos.

    1. Gracias Carlos. La verdad es que ya no se hacen coches así. Un saludo!

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