Flashback: Arcade

Y en la nueva entrega de nuestra antología del recreativo rememoramos “el de los dragoncitos y las burbujitas”, clásico entre los clásicos del hit-parade ochentero, la mejor inversión para esas monedas de cinco duros que tanto esfuerzo costaba robar de los monederos: Bubble Bobble.

Año de lanzamiento: 1986

Compañía: Taito

Tipo: Arcade de plataformas

Taladrando la mente ad aeternum

Sinopsis: Malvados fantasmas secuestran a inocentes jovencitas cuyos novios, honestos y valientes dragones, se ven obligados pese a su pacifismo acérrimo a liarse a tortas con monstruos de todo tipo con el fin de rescatar a sus amadas. Vamos, super original. Los dragones tenían la peculiaridad de disparar potentes burbujas de jabón por sus bocas como si fueran botes de Mistol, usándolas para neutralizar a sus enemigos y poder entrar a degüello.

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Socorro, auxilio

Escenario: Cien pantallas cien, de estilo engañosamente pueril, desde las más simples hasta las más diabólicamente complicadas, llenas de monstruos, plataformas, túneles de conexión, puertas secretas, gravedad negativa, plataformas sin salida… Un infierno aderezado por ingentes cantidades de frutas y chuches que ponían a prueba la glotonería de los dragones en su imparable afán por superar fase tras fase. Las pantallas se iban llenando de burbujas de colores que fluían por un recorrido programado y distinto en cada una de ellas, a veces hacia arriba, a veces hacia abajo… La ingesta de azúcares provocaba un incremento en la puntuación de los dragones, y en última instancia la consecución de vidas adicionales, muy necesarias en fases avanzadas del juego.

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De todo menos amor en esta pantalla

Armamento: El meollo del juego residía en dominar la peculiar combinación armamentística de nuestros dragones: primero una burbuja para atrapar a los monstruos, y luego un buen empujón con el lomo picudo para reventar burbuja y enemigo a la vez. Los enemigos con más mala chufa apenas aguntaban encerrados unos segundos en la frágil burbuja, por lo que había que liquidarlos “face to face” con un rápido movimiento burbujil-escamero a corta distancia. Otros recursos eran las burbujas de fuego, agua y rayos que aparecían en algunas pantallas y que, estratégicamente reventadas, podían llevarse por delante a los malos sin necesidad de sentirles el aliento. Por último, zapatillas deportivas y caramelos anfetamínicos tenían el efecto de aumentar las prestaciones en cuanto a velocidad, salto y potencia de disparo, pero sus efectos expiraban al perder la vida en uso.

Protagonistas: Bub y Bob era el nombre de las graciosas criaturillas dragoniles. Aparte de su torpeza por dejarse birlar las novias, eran unos dragones con muchos recursos, capaces de botar sobre las burbujas para alcanzar lugares de difícil acceso. Aunque podían lograr grandes gestas en solitario, lo suyo era el trabajo en equipo. Su color verde lima y azul marino denotaba un tufillo racista, ya que el oscuro (Bob) siempre acababa peor parado que el clarito (Bub). Pero bueno, los ochenta eran así.

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Estamos muy escamados

Los malos: Como buen arcade, el abanico de malvados era amplio y peligroso, con monstruos de muy mala calaña que iban desde el maníaco incendiario hasta el bobalicón obstinado, pasando por el rápido y letal de movimiento impredecible. El peor de todos en este imperio del mal era Baron Von Blubba, una ballena ágil como caballo de ajedrez cuyo contacto era la principal causa de muerte de Bub y Bob. El monstruo final, como fantasma cobarde y mezquino que era, reservaba su presencia para la última pantalla, que en el mejor de los casos costaba tres cuartos de hora alcanzar.

Elenco de villanos

Los ojos de Boris y la mandíbula desencajada de Baron von Blubba no presagian nada bueno

Dificultad: Alta. A partir de la pantalla número veinte la cosa se ponía fea y exigía del jugador una concentración total. Algunas pantallas eran prácticamente imposibles de superar en solitario por el sufrido Bub, así que la estrategia ganadora requería dos jugadores y mucho arte. Luego estaban “los trucos”, claro.

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¿Tienes fuego?

“Los trucos”: Varias combinaciones secretas de teclas antes de introducir la moneda otorgaban efectos permanentes de velocidad y destreza, además de provocar la aparición de puertas secretas que permitían superar varias pantallas de golpe. Los trucos facilitaban la tarea, pero la verdadera dificultad residía en que, una vez superada la última pantalla, Bub y Bob eran depositados nuevamente en la pantalla cincuenta, y había que volver a hacerlo todo otra vez, indefinidamente. Al final, la máquina ganaba siempre.

Banda sonora: Otro hit machacón y taladrante que perdura en la memoria muchos años después. El mismo tema, nota a nota, siempre, igualito, sin descanso, cuyos efectos nocivos en la psique humana han salido a la luz en los jugadores años después.

25_pesetas

Armas de destrucción masiva

Tipo de jugador #1: El mítico, con una habilidad sobrenatural para el burbujeo, las piruetas imposibles, los saltos al vacío, la escalada de paredes, con una mano, con las dos, encendiendo un cigarro, rascándose la oreja, mirando el reloj… Si hubieran existido los teléfonos móviles, este sujeto habría sido capaz de mantener conversaciones enteras, habladas y escritas, mientras liquidaba a Von Bubbla con aparente impavidez, una y otra vez, tirando de la misma moneda. Nunca veinticinco pesetas rindieron tanto como en manos de los poquísimos míticos que habitaron la faz de los salones recreativos.

Tipo de jugador #2: El advenedizo, suficientemente capaz como para recolectar los frutos del trabajo en equipo junto a un mítico, pero incapaz de llevar la voz cantante en la pareja ni de lograr ninguna gesta digna de mención por sus propios medios.

Tipo de jugador #3: El torpe bobalicón que se quedaba botando encima de una burbuja hipnotizado con el “poing-poing” mientras la muerte le esperaba pocos metros más arriba, incapaz de romper el hechizo para salvar el pellejo. Pocas veces superaba veinte pantallas y cuando un mítico se aproximaba a la máquina, daba un paso atrás con gesto reverencial y la mirada clavada en la moneda entre sus dedos.

¿Una partidita ahora que no mira nadie? Haz click…

Bubble-intro

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