Oscar Niemeyer

Oscar Niemeyer nació en Rio de Janeiro en 1907. Dedicó la mayor parte de sus casi 105 años a la arquitectura, y gracias a esa larga y fructífera carrera ha tenido la fortuna de ser testigo de su propio legado. Hoy nos llega desde Brasil la noticia de su fallecimiento. Admirado por la mayoría y vilipendiado por algunos, fue socarrón, idealista, algo tirano según dicen, fanático de la curva y creador de un estilo altamente personal que define una parte de la estética urbana del siglo XX.

Inicios

Durante los años ’30 Niemeyer había comenzado a explorar los límites de la construcción con cemento armado. En los ’40, la corriente brasileña de arquitectura modernista fue ganando reconocimiento a nivel internacional, con nombres como Affonso Reidy, Roberto Burle-Marx, Luis Costa y el propio Oscar Niemeyer. Su trabajo en el pabellón de Brasil para la exposición universal de 1939 en Nueva York le hizo merecedor de la admiración de los neoyorquinos. Tras la segunda guerra mundial, formó parte del equipo de arquitectos que diseñó la sede de la ONU, también en Nueva York. Se da la paradoja de que, en años posteriores, Niemeyer vio denegada en repetidas ocasiones su entrada en Estados Unidos por motivos ideológicos, incluso tras ser condecorado e invitado por instituciones universitarias de ese país.

El estilo de Niemeyer compartía elementos conceptuales con el gran arquitecto de la época, Le Corbusier, pero aplicaba nuevos criterios orgánicos en los que primaba no sólamente la funcionalidad, sino también la sensualidad y la plasticidad. Su ideología como persona y como arquitecto se plasmaba en diseños que favorecían los espacios abiertos de uso colectivo, en detrimento de las construcciones individuales que él consideraba elitistas.

Kubitschek y Brasilia

Como alcalde de Belo Horizonte, Juscelino Kubitschek había encomendado a Niemeyer la construcción del complejo de Pampulha, un espacio abierto con lago incluído, de estilo modernista y donde destacaba la iglesia de San Francisco de Asís. El edificio generó controversia entre los obispos por alejarse de todos los preceptos de la arquitectura religiosa, y tardó dieciséis años en ser consagrado como templo religioso por la jerarquía católica.

Tras ascender a gobernador del estado de Belo Horizonte y miembro del congreso nacional, en 1956 Kubitschek se presentó como candidato a la presidencia del gobierno de la nación y ganó las elecciones. El proyecto estrella de sus “cincuenta años de progreso en cinco años” era la construcción de una capital completamente nueva: Brasilia.

Oscar Niemeyer y Juscelino Kubitschek en los años ’50

La mayor parte de Brasilia fue contruida en cuatro años años e inagurada en 1960, sobre diseño urbanístico de Luis Costa y arquitectónico de Oscar Niemeyer, con Burle-Marx al cargo de los espacios abiertos. Vista desde el aire, la ciudad se asemeja a un pájaro donde las alas son barrios residenciales y la cabeza aloja los edificios gubernamentales. Brasilia es la única ciudad construida en el siglo XX considerada patrimonio de la UNESCO. El proyecto llevaba una carga ideológica importante: las zonas residenciales no hacían distinción entre poderosos y empleados, sino que intercalaban las viviendas de unos y de otros. Las viviendas serían propiedad del estado y arrendadas a sus habitantes. Las épocas y los cambios de gobierno han diluído en cierta medida esos parámetros fundacionales, pero el diseño perdura y ha convertido a Brasilia en una especie de meca de la arquitectura. Sus detractores lamentan la preponderancia del tráfico rodado en el concepto inicial, en detrimento de los peatones. Aún así, la ciudad tiene una disposición más lógica que otras urbes brasileñas lo cual favorece el tránsito y reduce el número de atascos y accidentes.

Arquitectónicamente, la lista de edificios emblemáticos de Brasilia es larga: Congreso nacional, Palacio da Alvorada, Palacio do Planalto, Museo de arte contemporáneo, Catedral de Nossa Senhra Aparecida, Iglesia de nuestra señora de Fátima… Algunos de ellos fueron construidos en fases sucesivas bien entrada la década de los ’80. La construcción de Brasilia fue universalmente aclamada como un triunfo de la arquitectura moderna y otorgó a Niemeyer reconocimiento en países tan dispares como Brasil, Estados Unidos y la Unión Soviética.

Exilio y retorno

Tras el golpe militar de 1964 en Brasil, Niemeyer y otros intelectuales se vieron condenados al ostracismo. El grifo de los encargos se cerró bruscamente y el maestro buscó refugio en París, donde vivió exiliado a partir de 1967 y donde creó una de sus obras predilectas, la sede del Partido Comunista francés. A medida que la dictadura fue suavizándose progresivamente, Niemeyer comenzó a trabajar de nuevo en proyectos en Brasil, hasta su regreso definitivo en 1985. Obras de esta nueva etapa incluyen el edicio Copan y el parque Ibirapuera en Sâo Paulo, el museo de arte contemporáneo de Niteroi, el Memorial de América Latina…

Su excepcional longevidad le ha permitido seguir trabajando hasta el último momento. Su muerte deja multiples proyectos en marcha en distintos lugares del mundo con el sello de Niemeyer. Algunos edificios han sido más aclamados que otros, pero la huella de su arquitectura está destinada a perdurar en el  tiempo.

“Creo decididamente en la inteligencia humana”. Oscar Niemeyer 1907-2012

.

(mover ratón para créditos fotográficos)

·

Anuncios

2 comentarios

  1. “Creo decididamente en la inteligencia humana”. Oscar Niemeyer
    Yo tengo mis dudas profundas, aunque creo en la inteligencia de ciertas personas.

  2. La inteligencia está ahí y cada uno le saca el partido que quiere, pero es cierto que muchos no practican lo suficiente… Gracias por pasarte, saludos.

A %d blogueros les gusta esto: