De éxitos y fracasos

El pasado miércoles, jornada de huelga general por segunda vez en lo que va de legislatura, volvió a dejar imágenes de un país convulso que se debate entre el aguante estoico ante una situación que para muchos ha venido impuesta, y el sentimiento de repulsa a la injusticia que cada vez más personas están canalizando por el camino poco agradable de la rabia.

El 15-N, a la mañana siguiente, había convocada una huelga de objetividad. Algo no funciona bien cuando los medios de comunicación son capaces de hablar y escribir en contra de la realidad objetiva de las imágenes, sin ningún pudor y con el consentimiento cómplice de su audiencia. ¿De qué sirve una huelga si su éxito o su fracaso están decididos antes de que se produzca? El peligro de minimizar los efectos de una protesta que por definición ha de ser libre, opcional y pacífica, es potenciar otros medios de presión social más extremos, con el consiguiente atrincheramiento en posiciones más radicales. Muchos medios de comunicación están fomentando flagrantemente el extremismo y la violencia que aparentemente tanto les escandaliza.

El ridículo puede llegar a niveles dantescos. Cuando un político o famoso retoca su imagen con photoshop es portada y se monta un mini-escándalo. Unos michelines por aquí, unas patas de gallo por allá… ¿Y qué pasa con el photoshop de las palabras? En los periódicos y los telediarios y las tertulias también hay photoshop, y las pinceladas se notan cada vez más.

¿Por qué se tolera el comportamiento pre-programado de los medios de comunicación? En general, se escucha y se lee lo que se quiere escuchar y leer, con una grave falta de sentido crítico y de coherencia incluso al detectarse la sombra burda y obvia de la mentira. ¿Que el seguimiento es mínimo y el país funciona con normalidad? “Paro total en los autobuses de Cuenca”, titularán algunos.  ¿Que las principales avenidas de las grandes ciudades se colapsan bajo la mirada infalible de las cámaras? “Fracaso rotundo de la protesta con apenas 5.000 personas manifestándose”, escribirán otros. Lo grave no es la manipulación, lo grave es que esos medios de comunicación sigan siendo referente y sigan vendiendo anuncios, concursos y cuberterías del campeón de liga de turno. ¿Quizá su idea de país se basa en criterios futboleros? Mal vamos.

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Fotos: Leandro Tabares

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